TARTESSOS. INTRODUCCIÓN HISTÓRICA.
Un enigma que dura tres mil años.
En la primera mitad del primer milenio antes de Cristo, en el suroeste de la península ibérica cuentan que floreció un fabuloso país cuyo esplendor aún deslumbra a todo el que se asoma a este lejano balcón de la historia. Se trata de Tartessos, el reino de la Felicidad y la Fortuna. ¿Existió en verdad Tartessos?. Las fuentes literarias y los descubrimientos arqueológicos parecen confirmarlo, pero ¿qué fue Tartessos?, ¿una ciudad?, ¿un río?, ¿un imperio?, ¿el país de los muertos ó las puertas del infierno de Hades?, ¿una morada de dioses y espíritus?, ¿fue Tartessos la Atlántida, Los Campos Eliseos, el Jardín de las Hespérides, el Cuerno de la Abundancia, La Isla de los Bienaventurados, el país del oro, la plata y el estaño, el fin del mundo?... ¿qué hay de verdad en su leyenda?. El debate sigue vivo desde hace siglos y en busca de las respuesta a las muchas preguntas que plantea, como también en busca de tesoros, fama y gloria, arqueólogos e historiadores siguen escarbando la tierra en Andalucía, Extremadura y el Sur de Portugal, y desempolvando viejos tomos en oscuras bibliotecas de todo el mundo.
Veamos primero en que ayudan los mitos a la solución del enigma de Tartessos.
1.-Los mitos
Hércules.
El mito clásico más popular relacionado con Tartessos es sin duda el de Hércules. Al semidiós se le conoce en nuestra patria por ser el fundador de Gadir (la actual Cádiz) una importante colonia fenicia fundada alrededor del año 1100 antes de Cristo que llegó a tener en torno a tres mil habitantes y mantuvo muy estrechas relaciones con Tartessos durante mas de cinco siglos.
La importancia en Andalucía de Hércules es tal que su figura aparece en el escudo de la región junto a dos leones domados.
Cuentan del hijo de Zeus que abrió el estrecho de Gibraltar. Los dos promontorios rocosos en los que se apoyó para realizar tal hazaña (Gibraltar y Tánger) fueron bautizados con el nombre de “Las Columnas de Hércules”. Ellas marcaban en la antigüedad el final del mundo conocido y corrían multitud de leyendas que presagiaban muerte y sufrimientos sin cuento a quienes se aventurasen a cruzarlas pues allí se encontraba el oscuro Océano, morada de las peores bestias marinas y patria de Hades, el dios de los muertos.
Hércules, conocido entre los fenicios por el nombre de Melkart, disfrutó en esta época de un gran templo consagrado a su persona en la parte más oriental de la isla de Eritrea, actual islote de Sancti Petri, donde se erigieron en su honor dos enormes columnas de bronce de ocho codos de altura que llevaban inscrito el coste de su construcción. El templo de Melkart fue famoso y muy visitado en su época; en él hacían sacrificios los marineros siempre que volvían sanos y salvos de un viaje y bajo sus muros se decía que corría una mágica corriente que aumentaba con la marea baja y disminuía en la pleamar.
El héroe tuvo que realizar dos de sus famosos “trabajos” en tierras de Tartessos; a saber: el robo de los bueyes de Gerión y el robo de las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides.
Gerión.
En el desarrollo de su décimo trabajo Hércules llegó hasta la ya mencionada isla de Eritrea montado en la Copa de Oro del dios Helios. Allí se enfrentó primero al perro de dos cabezas Orto, hermano del Can Cerbero, al que mató con su maza. Después dio muerte al pastor Euritión, hijo de Ares, que guardaba el rebaño de rojos bueyes del entonces rey de Tartessos: el gigante Gerión, un ser mitológico hijo de Crisaor y Calirroe, que poseía tres cuerpos unidos por la cintura y tenía fama de ser el hombre más fuerte del mundo. Por fin entraron en liza Hércules y Gerión y tras brava lucha el hijo de Zeus consiguió lanzar una certera flecha al costado del gigante atravesando sus tres cuerpos. Como el hijo de Crisaor permanecía de pié a pesar de la terrible herida, Hércules hubo de abatirlo con tres flechas más. Hera, la siempre engañada esposa de Zeus, se apresuró a acudir en ayuda de Gerión pero su hijastro Hércules le lanzó un nuevo proyectil que la hirió en el pecho derecho y la hizo huir. Así se apoderó el semidios de los espléndidos bueyes rojos, de los que se decía estaban tan bien alimentados por los ricos pastos de esta tierra que su leche no daba suero y era toda cuajo y que había que aplicarles ventosas cada cierto tiempo para que no se ahogasen en su propia sangre. Hércules se embarcó de nuevo en la Copa de Oro navegando hasta Tartessos donde devolvió agradecido la singular nave a su dueño, el dios Helios. De la sangre de Gerión nació un árbol que, cuando es visible la constelación de las Pléyades,produce unas frutas parecidas a cerezas sin hueso. Estas raras bayas otorgaban el poder de la clarividencia. También se dice de Gerión que nació en una cueva junto al manantial del que surge el río Tartessos “de raíces argénteas” en las montañas del interior de sus dominios, por lo que en ocasiones se le ha identificado con el propio río Tartessos, es decir, el Guadalquivir que en aquella época formaba tres brazos en su desembocadura, como los tres cuerpos del rey gigante. También se habla de un castillo de Gerión ó Arx Gerontis que algunos identifican con el actual islote de Salmedina. Gerión no murió sin descendencia. Su hija Eriteya tuvo con Hermes a un varón al que llamaron Nórax. Nórax, ya como rey de Tartessos, colonizó Cerdeña y fundó la ciudad de Nora, la más antigua de la isla.
El Jardín de las Hespérides.
La relación entre Tartessos y el famoso jardín donde Hera plantó el manzano de oro que le regaló la Madre Tierra el día de su boda resulta algo más difusa pues su ubicación es muy inconcreta. Se le sitúa en las laderas del monte Atlas, en el país de los Hiperbóreos, en algún lugar más allá del Océano o en dos islas cercanas al promontorio conocido como el Cuerno Occidental en las fronteras de África, cerca de Etiopía. Decir que cualquiera de estas demarcaciones corresponde a Tartessos es más que aventurado, no obstante su relación con las fronteras occidentales del mundo a las que siempre estuvo asociado el nombre de Tartessos es innegable.
Cuando Hera comprobó que las Hespérides, a quienes había encargado la custodia del árbol, robaban sus frutos, ordenó al dragón Ladón que se enroscara en su tronco para guardar el tesoro que pendía de sus ramas. Las Hespérides eran hijas de aquel Atlante que debía sostener sobre sus hombros la esfera celestial, mientras que de Ladón cuentan que tenía cien cabezas y hablaba con cien lenguas.
Cuando Hércules llegó al Jardín, siguiendo el consejo de Nereo, pidió a Atlante que arrancase las manzanas de oro mientras él lo sustituía en la terrible labor de sostener el cielo. Atlante, alegre por verse libre de semejante carga aunque solo fuera un rato pero temeroso del terrible Ladón pidió a Hércules que matase antes al dragón. El héroe lo hizo con una flecha que disparó sobre la muralla del jardín y luego colocó sobre sus fornidos hombros la esfera celeste. Atlante pidió a sus hijas que cogieran tres manzanas y ya con las doradas frutas en su poder regresó junto a Hércules. A Atlante no le seducía en absoluto volver a su antigua ocupación así que dijo a Hércules que él mismo llevaría las manzanas al rey Euristeo y que tardaría unos meses en volver. El hijo de Zeus simuló aceptar pero pidió a Atlante que aguantase el cielo solo un momento más mientras él se colocaba un almohadón para mayor comodidad. Atlante, que no era muy vivo por cierto, aceptó y Hércules aprovechó para recoger las manzanas y largarse con viento fresco.
La Atlántida.
La recreación del mito de la Atlántida se la debemos a Platón que la describió como un continente formado por un grupo de islas y situado más allá de las Columnas de Hércules. Ateniéndonos a esta referencia la relación con Tartessos parece más que obvia, pero remontémonos a la genealogía mítica de los reyes tartesios para conocer el origen de este mito.
Comenzamos con Crisaor, nacido de la sangre de la gorgona Medusa cuando fue decapitada por Perseo. Crisaor casó con Calirroe, hija del ilustre Océano, y de su unión nació el triforme Gerión que a su vez tuvo una hija llamada Eritrea que, seducida por Hermes, dio a luz al rey Nórax. Pero Gerión tuvo otra hija, Clito, de sus secretos amores con Leucipa la esposa del pastor Evenor. Clito fue también amada por el dios Posidón y de su matrimonio nacieron cinco parejas de forzudos mellizos. El primero de sus hijos, llamado Atlas, reclamó para si el trono de Tartessos disputándolo a su hermano Nórax. (Este Atlas es otro diferente a aquel que fue condenado a soportar sobre sus hombros la esfera celeste y al que nos hemos referido al tratar del mito del Jardín de las Hespérides).
Poco se sabe de las guerras que debieron mantener las huestes de Hermes y Posidón en defensa de los derechos dinásticos de cada uno de sus hijos, pero siendo Posidón el dios del mar y Tartessos un reino eminentemente marítimo, parece claro que Atlas ganase la contienda. Acaso por ello Nórax tuvo que huir y así recaló en Cerdeña para fundar la ciudad de Nora, y no por afán colonialista como otros le atribuyen.
Atlas y sus hermanos atlantes, con la inestimable ayuda de su padre Posidón, transformaron su reino en un país rico, poderoso y prácticamente inexpugnable, envidia de todas las naciones de la época. La Atlántida estaba formada por una suerte de islas concéntricas de manera que para llegar al interior desde el mar había que atravesar tres anchas porciones de tierra y otros tantos canales circulares. Platón hace una muy precisa descripción de esta estructura, dando toda suerte de datos y medidas para su compresión. Baste decir al respecto que la isla central, donde se situaba el palacio real, fue rodeada por una muralla de piedra y construyeron torres y puertas en todas las entradas del mar. Los canales concéntricos estaban conectados a mar abierto por una sola vía de agua de grandes dimensiones, el gran canal, que atravesaba los anillos de islas siempre de forma subterránea, es decir, por debajo de tres enormes puentes de aproximadamente treinta metros de anchura. Existían otras conexiones más estrechas y que permitían el paso a una trirreme de isla en isla. Solo en el interior del recinto encontraban abrigo las naves pues en el exterior no existía puerto alguno y la imponente altura de los muros que lo rodeaban hacía imposible el desembarco. Dicen que los muros del anillo exterior estaban enteramente cubiertos de bronce, los del intermedio de estaño y los de la isla central de oricalco, metal similar al oro que solo se obtenía en yacimientos existentes en la Atlántida y que hoy ya no se conoce.
La organización política del país concedía a cada uno de los nueve hermanos de Atlas un territorio ó reino en el que gobernaban con total autoridad. Solo Atlas, como rey principal, estaba autorizado a intervenir en asuntos generales, pero sus decisiones debían ser consensuadas con sus nueve hermanos para ser válidas. Los reyes se relacionaban entre si según una ley cuya letra estaba grabada en un pilar de oricalco guardada en el templo de Posidón y que contenía un conjunto de terribles maldiciones para todo aquel que la vulnerase. Cada cinco y seis años respectivamente los diez reyes se reunían para tratar las cuestiones de estado y juzgarse mutuamente. Antes seguían un rito consistente primeramente en pedir a Posidón que propiciara el sacrificio de un toro bravo. A continuación se enfrentaban a varios de ellos en un recinto interior del templo armados tan solo con lazos y garrotes. Cuando habían capturado uno lo llevaban al pilar de oricalco donde lo degollaban dejando que su sangre bañase la sagrada inscripción. Después ofrecían el sacrificio a Posidón haciendo libaciones en su honor con sangre y vino.
Un estado tan rico, pensaron los descendientes y herederos de los primeros atlantes, podía despertar la ambición de los otros países, así que reunieron un enorme ejército con fines defensivos compuesto por un ingente número de guerreros y completado con diez mil carros y mil doscientos navíos de guerra. Con el tiempo, la ambición de conquista que los atlantes temieron en principio, se apoderó de sus propios corazones y los llevó a invadir primero los reinos del sur peninsular a los que siguieron progresivamente los del norte del Mediterráneo hasta Italia y los del sur hasta Egipto.
Pero esta desmedida ambición debió enfurecer a Posidón pues un día la tierra rugió desde su centro y levantó inmensas olas que devoraron en un abrir y cerrar de ojos los navíos. Luego Hermes pudo tomar su revancha pidiendo el concurso de las fuerzas del infierno al que él mismo solía conducir las almas de los muertos. Y toda la Atlántida, con sus palacios de ensueño, sus majestuosos templos y sus bellísimos jardines, se hundió en el mar en una hecatombe sin parangón en la historia... ni en la leyenda. Los pocos que se salvaron poblaron las tierras de Tartessos y volvieron con el tiempo a labrar el suelo y a organizar una gran nación.
Gárgoris y Habis.
Otro rey mitológico de Tartessos, se supone que mucho más cercano en el tiempo, fue Gárgoris que enseñó a sus súbditos a aprovechar la miel de los panales y cuyo nombre está relacionado con el cultivo de los cereales. Fruto de la incestuosa relación con su hija, Gárgoris tuvo un vástago llamado Habis. El rey, más avergonzado que arrepentido, trató de ocultar su pecado haciendo desaparecer a la criatura. Primero lo abandonó en el bosque de noche, pero las fieras lo respetaron y amaneció con vida, entonces lo entregó al mar y del mismo modo, flotando sobre las aguas, fue devuelto a la orilla a lomos de una gran ola. Allí lo encontró una cierva que lo amamantó y crió. Habis creció libre, ágil y fuerte. Llegado a la edad de la adolescencia el muchacho salvaje cayó preso en una red de cazadores tomado por un ciervo. Fue llevado ante Gárgoris que al verlo lo reconoció al instante y suplicando su perdón y el de los dioses que sin duda cuidaban de Habis, lo nombró su sucesor.
Habis fue un rey legislador y civilizador que dividió su reino en siete ciudades y ordenó a sus súbditos en siete castas prohibiendo el ejercicio de cualquier trabajo servil a los nobles. Además enseñó a su pueblo a cultivar la tierra con bueyes uncidos al arado.
2.-Fuentes literarias de carácter histórico.
La Ora Marítima.
Como vemos, son muchos los mitos y leyendas relacionadas con Tartessos pero las fuentes literarias nos ofrecen también una visión más real de este país siempre velada por la niebla del tiempo. Aunque existe un alfabeto y una escritura tartessia no ha podido ser descifrada aún a pesar del empeño puesto en ello por muchos estudiosos, por lo tanto nos hemos de conformar con lo que escribieron sobre Tartessos griegos, fenicios, egipcios, semitas ó romanos.
El documento más antiguo sobre Tartessos fechado hasta hoy es el poema Ora Marítima de Rufo Festo Avieno. Aunque fue compuesto alrededor del año 400 después de Cristo se entiende que el poeta utilizó como fuente principal de inspiración un periplo masaliota escrito por Euthymenes en el siglo VI antes de Cristo y acaso alguna fuente fenicia aún más antigua. En este documento se menciona la ciudad de Tartessos situada entre los brazos que formaba en su desembocadura un río que corresponde al actual Guadalquivir. Del escrito se deduce que Tartessos imperaba sobre una gran región que se extendía desde el levante peninsular, mencionando expresamente la ciudad de Herna y la desembocadura de un río que bien podría ser el Segura o el Vinalopó, hasta la desembocadura del Guadiana en la mitad sur de Portugal. Recoge también Avieno los nombres de varios pueblos relacionados con los Tartessios, como los Cilbicenos, los Etmaneos y los Ileates, además de los habitantes de la regna Selbyssena.
Sin embargo otros autores nos envían una foto mucho más reducida del imperio tartesio. Hecateo de Mileto, a fines del siglo VI antes de Cristo, en su Periegesíssepara específicamente las ciudades de Tartessos de las de los mastienos que ocuparían gran parte de la Andalucía oriental, mencionando como ciudades mastienas Mainobora, cercana al actual río Vélez, Sixo, la actual Almuñecar, ó Sualis (Fuengirola). Esto reduciría el ámbito tartesio a la zona sudoeste de la península. Hecateo también menciona ciudades tartesias como Elibirge (puede que la actual Andujar) ó Ibila, probablemente ambas situadas en el valle del Guadalquivir.
Herodoto de Heraclea, ya en siglo V antes de Cristo, nombra a los tartessios junto a otros pueblos como los Cinetes, los Gletes, los Elbisinios, los Mastienos y los Celcianos, todos situados en las costas del estrecho.
La aventura de Kolaios.
El poeta Estesícoro de Himera narra la aventura del marinero Kolaios de Samos en su obra Gerioneida, dedicada a la descripción de las luchas entre Hércules y Gerión. También Herodoto menciona este fabuloso viaje. Parece ser que Kolaios, en torno al siglo VII ó VI antes de Cristo, se embarcó con destino a Egipto pero los vientos apeliotas lo desviaron de su ruta hasta llevarlo más allá de las Columnas de Hércules. Allí entró en contacto con los tartesios e hizo en sus tierras tan buenos negocios que volvió con un cargamento de plata de tales dimensiones que hasta el ancla del barco fue fundida del precioso metal. Con la décima parte de sus beneficios, equivalente a seis talentos, hizo construir un vaso de bronce en forma de crátera argólica con unas cabezas de grifo salientes alrededor y lo puso como ofrenda en el templo de Hera sostenido por tres colosos de siete codos de altura apoyados en sus rodillas. Una obra faraónica sin duda.
La Biblia.
Tartessos fue nombrado por los judíos con la palabra Tarsis. Con la variación de Tharsis se menciona frecuentemente en La Biblia, concretamente el Antiguo Testamento lo cita en veintiún párrafos, once en los Libros de los Profetas y seis veces más en otros textos. Parece pues que el vocablo Tartessos es de origen semita y podría significar “confín de la tierra”. Es singular la continua alusión bíblica a las denominadas “naves de Tharsis” en las que se transportaban enormes tesoros y eran capaces de realizar muy largas y difíciles travesías. Ezequiel dice: “Tarschisch comerciaba contigo (Tiro) a causa de la multitud de toda clase de mercancías; llevaban consigo al mercado plata, hierro, estaño y plomo”.
Otros textos. Herodoto y Justino.
Herodoto nos ofrece también una serie de ideas acerca de la organización político-social de Tartessos cuando señala la existencia, alrededor de la primera mitad del siglo VI antes de Cristo, de una monarquía tartesia detentada por Argantonio, un rey mitificado en la antigüedad por sus fabulosas riquezas y su gran longevidad. Se cuenta de él que reinó durante ochenta años y que vivió más de ciento veinte. Este es sin duda el primer rey histórico de Tartessos que conocemos, a pesar de que muchos de los hechos que se le atribuyen podrían ser de carácter ficticio sin duda.
Pero el texto más extenso referido a la estructura y organización social tartesia es la narración del mito de Gárgoris y Habis realizada por Justino en el siglo II después de Cristo que es a su vez un resumen de la obra de un historiador llamado Trogo Pompeyo coetáneo al emperador Augusto. No obstante, muchos historiadores consideran este texto una imitación de otros mitos de época clásica como las historias de Sargón de Akkad, Moisés, Rómulo y Remo ó Ciro de Persia. Paralelismos tan comunes en tantas leyendas desvirtúan bastante su credibilidad, sin duda.
La fundación de Gadir.
Muchos y muy variados son los textos que se refieren a las colonizaciones fenicia y griega de la península. Ya hemos relatado el famoso viaje de Kolaios pero aún nos queda otro importante acontecimiento. Según cuenta el sabio griego Posidonio, de labios de los propios gaditanos con los que convivió, un oráculo mandó a los habitantes de la fenicia ciudad de Tiro fundar una colonia en las Columnas de Hércules. Los primeros enviados llegaron cerca de Calpe (Gibraltar) suponiendo que allí se encontraba el confín del mundo y echando el ancla en la que luego fuera la ciudad de los exitanos (Almuñécar) ofrecieron un sacrificio a los dioses que no se mostró propicio, así que volvieron a la patria. Una segunda expedición recaló más allá del estrecho en un isla consagrada a Hércules junto a la ciudad de Onoba (Huelva). El nuevo sacrificio fue también adverso. Finalmente, la tercera expedición tuvo éxito y fundó Gañir, levantando un santuario en la parte oriental de la que entonces era una isla y la ciudad en la occidental. Veleyo Patérculo señala la fecha de esta fundación en ochenta años después de la toma de Troya que sucedió en el año 1184 antes de Cristo según fuentes antiguas. Así que Cádiz vino a ser fundada en el 1104 antes de Cristo aproximadamente.
3.- La Arqueología
La insuficiencia de las fuentes literarias.
Hasta finales del siglo XIX el estudio de Tartessos se había centrado exclusivamente en el análisis de los textos clásicos, ya fueran los bíblicos, griegos y/o latinos, sin avanzar demasiado. Las afirmaciones en ellos recogidas eran en muchos casos contradictorias y en otros más que improbables. Flavio Josefo había acuñado la famosa genealogía de “Tubal y Tarsis, nieto de Noé” que pobló los libros infantiles hasta hace bien poco en referencia a los primeros pobladores de España. Sin duda, para profundizar en el conocimiento de la civilización más importante de la protohistoria peninsular se hacia necesario recabar nuevos datos de otras fuentes de información. Al comenzar el siglo XX toma cuerpo en España una arqueología mucho más científica que a la postre vendría a contribuir decisivamente en la interpretación del enigma de Tartessos.
George E. Bonsor, el precursor.
El arqueólogo anglo-español George Edward Bonsor puede considerarse el iniciador del estudio arqueológico moderno de Tartessos. Llegado a Carmona alrededor de 1880 funda la Sociedad Arqueológica local y comienza las excavaciones en la necrópolis romana de esta villa junto a su amigo Juan Fernández López. En 1989 publicará una obra fundamental en la historiografía tartésica: “Les colonies agricoles préromaines de la vallée du Betis”. En ella se recogen los estudios de las necrópolis tartésicas de Bencarrón, Santa Lucía, El Acebuchal, La Cruz del Negro, Alcantarilla y La Cañada de Ruix Sánchez, y se data la cerámica campaniforme que conforma el grupo denominado “Carmona”. Bonsor propone en base a sus descubrimientos un esquema de varias fases desde una primera centrada en la población indígena pasando luego por una serie de oleadas de colonos de diversa procedencia (tirios, griegos, celtas...). También tratará de descubrir el emplazamiento de la antigua ciudad de Tartessos con tres campañas de excavaciones en el Cerro del Trigo. Propone en 1921 un emplazamiento para esta urbe, entre la laguna de El Sopetón y la duna de Carrichal, y en 1922 sugiere la zona de Torre Carbonera. Junto a otro afamado estudioso, Adolf Schulten, se dedica a excavar el Cerro del Trigo entre 1923 y 1925, donde se encontraban los restos de una factoría de salazones de época romana tardía, con la esperanza de descubrir otros restos más antiguos, cosa que no sucedió.
Adolf Schulten ó la consolidación del estudio tartésico.
Hay que reconocer en Adolf Schulten al padre de la investigación tartésica principalmente desde la publicación de su obra Tartessos cuya primera edición en castellano se fecha en 1924. La obsesión de este alemán era descubrir la ciudad de Tartessos emulando a su compatriota H. Schliemann, descubridor de la hasta entonces mítica Troya. Schulten centró su trabajo aún en el análisis de los textos clásicos, principalmente la ya mencionada Ora Marítima, pero no por eso renunció a la arqueología. Schulten propugnó un origen griego del mundo tartésico, en primera instancia vinculándolo a una emigración minoica anterior incluso a la fundación de Gadir y en posteriores correcciones, atribuyéndolo a los Tirsenos, dentro del contesto de las migraciones de los pueblos del Mar y que darían también lugar a la cultura Etrusca en la Península Itálica. Según Schulten el final de Tartessos se debería a la conquista por parte de Cartago del sur peninsular a finales del siglo VI antes de Cristo y el cierre del estrecho de Gibraltar que impediría la llegada de los navegantes griegos que habrían hecho prosperar el imperio tartésico. Nos habla Schulten de un estado tartésico centralizado, con una fuerte jerarquización y leyes; es un pueblo de mercaderes y marinos, alegres y hospitalarios, cultos y emprendedores, fantasiosos, exagerados y muy aficionados al cante y al baile. Parece este un dibujo demasiado ideal y romántico del pueblo tartesio, acaso influenciado por razones ideológicas más que científicas, pues también describe a fenicios y cartagineses como codiciosos, astutos, agresivos y bárbaros, malvados responsables de la destrucción del “paraíso” que fue Tartessos. Sin duda este planteamiento no deja de recordar la confrontación acaecida entre Alemania y la Entente en la Primera Guerra Mundial, y es fácil deducir a quien identifica Schulten con Tartessos y a quienes con Cartago.
No obstante, el trabajo de Schulten traerá muchas secuelas y animará a diversos investigadores a buscar la mítica ciudad, la urbe fabulosa que fue Tartessos... y sus tesoros. Lo cierto es que el investigador alemán, siguiendo su naturaleza romántica, quiso encontrarla en el Coto de Doñana animado por el simple descubrimiento de un anillo de bronce de época arcaica con una posible inscripción griega. Como una amiga le escribió en una carta, acaso Schulten pensó siempre en la ciudad como en la amante cautiva que espera y desea la llegada de su esposo.
4.- La Geografía de Tartessos.
¿Dónde se encontraba la ciudad de Tartessos?.
Sobre la existencia de una ciudad llamada Tartessos se nos ofrecen multitud de datos bibliográficos que lo corroboran, pero tal vez el más determinante sea el de La Ora Marítima de Avieno donde se la define como urbe, ciudad opulenta, rodeada de murallas y regada por un río. No obstante, los autores clásicos no se ponen de acuerdo en su localización exacta. Avieno identifica Tartessos con Gadir, Plinio en cambio con Carteia, Escimno de Chios dice que dista dos días de navegación desde Cádiz, Esteban de Bizancio la coloca en la desembocadura del río del mismo nombre y Posidonio entre los dos brazos del río. Otros autores se desmarcan diciendo que se encuentra en una isla, en medio del Océano, en las proximidades de las Columnas de Hércules...
Este desacuerdo sobre el enclave de Tartessos sigue vigente entre los autores modernos. Schulten trató de encontrar los restos de la mítica ciudad en el Coto de Doñana, en la desembocadura del Guadalquivir, sin éxito. Para Pemán los dos brazos a los que hace alusión Posidonio serían los actuales del Guadalquivir y el Guadalete. García Bellido aboga por varias localizaciones posibles: en la antigua ciudad romana de Asta Regia, junto a Jerez, pues las excavaciones realizadas han proporcionado material antiguo; en Huelva ó sus proximidades, acaso en la isla de Saltés; en Carmona, Lebrija ó Sevilla, pues en todas ellas se ha descubierto material arqueológico orientalizante...
Luzón aboga por la localización en la Ría de Huelva por tratarse de un importantísimo centro minero de la antigüedad, como confirman los enormes cúmulos de residuos de una muy desarrollada metalurgia argentífera que en ocasiones forman montañas de escorias que se confunden en ocasiones con los cerros naturales. Solo en Riotinto la cantidad de escoria podría alcanzar los 20 millones de toneladas, lo que nos habla de una gigantesca explotación de plata.
Aunque el problema de la localización de la capital del imperio tartesio sigue siendo muy importante, hoy los investigadores hacen mayor hincapié en el análisis de la geografía general de la zona en aquella época, para entender el marco general donde se movían los tartesios.
La desembocadura del Guadalquivir en época tartesia.
Tartessos, o más bien su zona de influencia, ocupaba el territorio de la actual Andalucía, Sur de Portugal y bajo Levante, extendiéndose hacia el norte hasta el Guadiana. No obstante, el centro neurálgico del imperio se encontraba al parecer en la desembocadura del Guadalquivir que en aquella época ofrecía un aspecto muy diferente al actual. En su curso bajo existía una gran laguna, el Lago Ligustino, que se correspondería con la amplia marisma junto al golfo de Cádiz. Junto a él se menciona una “montaña de plata”, el mons Argentarius, que los antiguos denominaban así porque el estaño brillaba en sus laderas de forma imponente. Hacia la desembocadura del río su curso se dividía en dos o más brazos formando un delta cuajado de islas e islotes; puede que en una de estas afloraciones de terreno se levantase, como ya se ha dicho, la antigua Tartessos.
El influjo de las mareas era mucho más notorio en la época, pudiendo variar la altitud de las aguas en una considerable medida hasta zonas mucho mas entradas en tierra firme. Del mismo modo, el caudal del río seria mayor que el actual, arrastrando grandes cantidades de sedimentos que con el tiempo anegarán la zona.
Las vías de comunicación.
A este respecto se han de considerar tres variantes: las vías terrestres, las fluviales y las marítimas. En cuanto a la comunicación por tierra ya Avieno nos habla de un camino que conectaba la costa atlántica, partiendo de Olisipo (Lisboa), con el litoral tartesio en un trayecto que duraba cuatro días, y desde allí se llegaba hasta Malaca (Málaga) en cinco días más. Los hallazgos arqueológicos de época orientalizante parecen confirmar la existencia de esta vía. Sería esta una alternativa a la navegación a través del estrecho de Gibraltar que en muchas ocasiones ofrecía graves dificultades.
Otra vía transversal en dirección oeste-este conectaba Olisipo con Mérida, con diversas variantes que continuaban por el sur de La Mancha hasta Cástulo y de allí al Sudeste peninsular.
Se datan otros senderos ya en época romana, aunque es probado que corresponden a viejos caminos; como la denominada Vía Heraclea que iba desde Gadir hasta Saetabis (Játiva), ó la famosa Vía de la Plata que conectaba Hispalis (Sevilla) con Astúrica Augusta (Astorga) en la actual provincia de León.
La importancia de la Vía de la Plata como medio de conexión con Extremadura y el sector occidental de la Meseta Norte se ha demostrado por la importancia de los hallazgos arqueológicos tanto del Bronce Final como de época orientalizante. Los elementos de las culturas orientales y tartésica discurrían hacia el norte y hacia el sur se transportaba oro, estaño y otros productos propios del Noroeste peninsular. Una alternativa a la Vía de la Plata partía de Córdoba para atravesar Sierra Morena hasta Mérida. En la Alta Andalucía también existía un camino desde Cástulo (cerca de Linares) a través de Sierra Morena hasta Complutum (Alcalá de Henares) que atravesaba toda La Mancha.
La principal vía de comunicación fluvial era sin duda el propio río Guadalquivir que en aquella época sería navegable en la práctica totalidad de su curso, conectando muchas poblaciones, enclaves mineros y otras zonas ricas en agricultura, ganadería, etc. El intercambio que favorece el río será determinante en la configuración y la fisonomía del estado tartesio.
De las vías marítimas diremos que el suroeste peninsular ocupa una posición estratégica en la antigüedad como llave de las rutas que, a través del estrecho, comunicaban la fachada atlántica con el Mediterráneo. Los intercambios mercantiles traen productos de las Islas Británicas e incluso de las costas Escandinavas hasta la Península Ibérica y desde aquí se distribuyen hasta los confines del Mediterráneo Oriental. No eran solo los tartesios los involucrados en este tráfico pero su importancia radica en el control del paso del Estrecho. Los tartesios fueron grandes navegantes que conocían las más modernas técnicas y llegaban con sus naves de altas quillas, diseñadas especialmente para enfrentarse al feroz oleaje atlántico, hasta las Islas Casitérides (Islas Británicas) de las que traían el preciado estaño. Este trayecto lo realizaban pegados a la costa atlántica en varias etapas, recalando en zonas portuarias o abrigos naturales que de alguna manera controlaban, casi siempre en las cercanías de la desembocadura de los ríos. En cuanto a la navegación por las costas mediterráneas comporta muchas vías que transcurren principalmente pegadas a la costa sur en el trayecto oeste-este y por diversas rutas cuando se trata de viajar desde oriente a occidente. En particular, el cruce del Estrecho de Gibraltar comportaba muy serios peligros, tanto por los vientos como por las corrientes marinas, en el sentido este-oeste, siendo mucho más favorable su travesía en sentido contrario. Las mejores épocas para cruzar el Estrecho hacia el Atlántico son los primeros meses del año o ya avanzado el verano. Para conseguirlo las naves se dejaban caer desde las costas peninsulares hasta las marroquíes para aprovechar las corrientes Este-Oeste y el efecto de la pleamar dejándose caer por la costa africana para luego virar hacia occidente buscando en mar abierto los vientos del sudoeste que los llevasen a las costas atlánticas de la península ibérica. Otra manera era esperar a principios de verano las corrientes Este-Oeste que corren pegadas a la costa andaluza a causa de las pleamares equinocciales.
Tal vez por esta dificultad los fenicios llenaron la costa sur peninsular en su margen mediterránea de colonias y pequeños asentamientos y factorías. En ellos recalarían sus barcos a la espera de las mejores condiciones para hacer la travesía del Estrecho hasta el emporio tartesio.
5.- Fenicios y Griegos en Tartessos.
Motivos de la colonización fenicia.
La expansión fenicia por el Mediterráneo hasta Tartessos se puede explicar por varios motivos. Por un lado existe una motivación comercial principal, en particular referida a la obtención de metales como la plata ó el estaño que abundaban en el suroeste peninsular y escasean en la región fenicia. La plata cumple un papel como elemento de cambio o monetario en el Próximo Oriente, de ahí su necesidad para el mantenimiento económico de esta zona. El estaño es a su vez necesario para la fabricación del bronce que es una aleación de cobre y estaño, y se mantiene aún como un material preeminente en la manufactura de objetos de todo tipo. Algunos de los establecimientos fenicios documentados en la costa portuguesa, como los situados en las desembocaduras de los ríos Tajo y Sado, entre los que destaca la factoría de Abul, podrían tener la finalidad de explotar la riqueza en estaño de la zona. También se han encontrado importantes instalaciones fenicias dedicadas a la fundición de mineral en el castro de Santa Olaia. Los fenicios establecieron una compleja red de asentamientos costeros para el mantenimiento de esta ingente empresa comercial que se constituyeron en poblaciones estables capaces de suministrar todo cuanto a nivel logístico se precisara, como alimentos, materiales de construcción y reparación naval, servicios portuarios y de alojamiento, etc.
Otro motivo aducido para la emigración fenicia ha sido la presión demográfica. El pueblo fenicio se extiende en la época por una estrecha franja de terreno situada en el corredor siropalestino, limitada al este por el mar y al oeste por los montes del Líbano. Tras las invasiones de los Pueblos del Mar, israelitas y arameos, los fenicios habían perdido gran parte de su territorio, en particular el de mayor potencial agrícola. Sus ciudades eran deficitarias en recursos alimentarios y su entorno sufría una notable degradación ecológica, fruto de la sobreexplotación de los recursos naturales.El inicio de la colonización fenicia podría haber sido un mecanismo para deshacerse del exceso de población.
Por otro lado, el imperio asirio comienza a presionar el territorio fenicio entre finales del siglo VIII y mediados del VII antes de Cristo. Los continuos saqueos y la solicitud de tributos aceleraron el proceso colonial de los desterrados, principalmente campesinos. Esto dará lugar a lo que se ha dado en llamar la colonización agrícola, es decir, el asentamiento de colonias fenicias no relacionadas con la explotación minera o la actividad comercial a gran escala, sino simplemente las tareas agrícolas y ganaderas de autoabastecimiento. El valle del Guadalquivir, con extensos territorios de gran fertilidad, ofrece un espacio ideal para estos nuevos habitantes.
Los griegos.
Sin dudar de la primacía de los fenicios en la colonización de Tartessos, hay que tomar muy en cuenta también el elemento griego. La fama de Tartessos en la antigüedad se debe en su mayor medida a las referencias realizadas por autores griegos clásicos como Estesícoro de Himera, Hecateo de Mileto, Herodoto ó Éforo. Schulten llegó a postular el origen del pueblo tartesio en las migraciones, algunas de gran componente griego, realizadas por los pueblos del Egeo a finales de la Edad del Bronce y con motivo de la desaparición de los sistemas palaciales, como el micénico. Sin embargo es solo a finales del siglo VII antes de Cristo cuando la acumulación de restos arqueológicos nos habla de una importante presencia griega en la zona tartésica. A este periodo se refiere así mismo el famoso viaje de Kolaios de Samos, la llegada de las trirremes focenses y el reinado del legendario Argantonio que tanta amistad mostró por los griegos, hasta el extremo de ofrecer a los focenses establecerse en Tartessos ante la amenaza persa.
La estrategia de los griegos para invadir los circuitos comerciales se basó en introducir productos de altísima calidad y de gran valor, como las ánforas de Quíos y Samos, que contenían un muy apreciado caldo, ó las copas de Comastas. La última fase del comercio griego con Tartessos se fecha en la segunda mitad del siglo VI antes de Cristo, en torno a la conquista de Focea por los persas y la batalla de Alalía, en la que los focenses tuvieron que evacuar la isla de Córcega a pesar de vencer a la alianza de etruscos y cartagineses.Este hecho significó el cierre del Estrecho para los navegantes griegos.
Las colonias griegas más cercanas a Tartessos las encontramos en Emporióm (Ampurias), Rodhe (Rosas) y Massalia (Marsella), muy alejadas del suroeste peninsular, por lo que habrá que pensar que la presencia griega en la zona alcanzó a perseguir objetivos exclusivamente comerciales y no de implantación territorial, no obstante, su influencia sociopolítica en la última fase del imperio tartésico es muy importante.
6.- La economía tartesia.
Agricultura.
En el suroeste peninsular predominan en la época tartésica arcaica los cultivos de cereales como el trigo y la cebada, acompañados del haba y el guisante que ayudan a nitrogenar la tierra y a minimizar las fases de barbecho. A partir de la época orientalizante, coincidiendo con las colonizaciones fenicia y griega, se añaden nuevos cultivos traídos por estos pueblos, como la vid y el olivo, así como su explotación para la producción de vino y aceite. La vid y el olivo no proporcionan un rendimiento inmediato, es decir, no comienzan a ser rentables hasta varios años después de su plantación, por lo que cabe suponer que su cultivo estuvo asociado a la aristocracia tartesia, aprovechando además que no requieren demasiados cuidados o terrenos especialmente fértiles, lo que situaba a los nobles en un nuevo marco de relaciones comerciales con fenicios y griegos al margen del habitual trato con metales.
La tecnología utilizada es muy básica, similar a la de la Edad del Bronce, no encontrándose aún generalizados los utensilios de metal. Se siguió utilizando instrumental de piedra principalmente, como lo reflejan los muy variados hallazgos arqueológicos de hojas de hoces de piedra. Se han datado molinos para el triturado del cereal y se supone que se usaba el arado, según refleja el mito de Gargoris y Habis, aunque no se han encontrado rastros arqueológicos concluyentes a este respecto, salvo los análisis faunísticos de la época que parecen indicar, por la fecha de sacrificio de algunas reses, que fueran utilizadas como animales de tracción, principalmente caballos y bueyes.
Los cultivos, además de alimentar a las comunidades cercanas, llegaron a tener una finalidad comercial en algunos casos, lo que se deduce del aumento de los asentamientos agrícolas durante los siglos VII-VI antes de Cristo en la depresión de Ronda, posiblemente destinados abastecer a las colonias fenicias del litoral malagueño.
La ganadería.
La importancia de la ganadería radica tanto en el alimento que proporciona (carne, leche y otros productos secundarios) como en la fuerza de tracción de algunos animales, así como el aprovechamiento de la lana y la piel.
Los bóvidos predominan en el Suroeste peninsular en la primera época tartésica dadas las especiales condiciones climáticas que se daban en la zona, mucho más frescas y húmedas que en la actualidad, lo que proveía de los pastos necesarios para la cría de este ganado, como parece atestiguar el mito de Gerión. Durante la primera mitad del I milenio antes de Cristo, ovejas y cabras parecen desplazar al ganado vacuno, quizás debido a un cambio climático y a la sobreexplotación de los pastos.
El cerdo es la tercera especie más representada en la fauna doméstica tartésica. La menor cantidad de esta especie puede tener su explicación en que la escasez cíclica de recursos, propia de climas mediterráneos, pone al cerdo en un espacio de competencia directa con el hombre por sus especiales necesidades alimenticias. Sin embargo es más aprovechado en zonas húmedas como Sierra Morena, de terrenos pobres que permiten su cría en dehesas de alcornoques y encinas.
El caballo, además de cómo fuente cárnica y animal de tracción, es utilizado en labores bélicas, como se desprende de su significativa representación en las estelas, también tirando de carros de dos ruedas típicos de la guerra.
Los fenicios introdujeron la gallina que supone un nuevo aporte de proteínas gracias a los huevos y un menor coste en su cría y explotación. También trajeron el asno que fue aprovechado en tareas de transporte y agrícolas como alternativa a bueyes y caballos, especialmente en terrenos montuosos.
Otro animal doméstico que llega con los fenicios es el gato.
Caza y pesca.
Se plantean ahora, con una ganadería y agricultura ya desarrolladas, como complementos de la actividad económica general. Se cazan principalmente el ciervo, el jabalí, el conejo y la liebre. En cuanto a la pesca se desarrolla una actividad pesquera en el litoral por lo que las capturas son básicamente de especies que se desarrollan en la proximidad de aguas dulces y saladas, como la raya, el esturión y la dorada. La recolección de moluscos tuvo también su importancia, en especial navajas, berberechos y almejas.
En torno a la pesca se desarrolla una industria secundaria de producción de salazones datada por restos arqueológicos de factorías costeras y salinas. También se elaboran otros productos, como el garum, una especie de salsa realizada a base de vísceras de pescado que fue muy apreciada en la época tartesia y posteriormente.
Minería y metalurgia.
Este fue el principal factor económico de atracción tanto de fenicios como de griegos. La península ibérica tiene yacimientos de cobre y estaño, los metales necesarios para la elaboración del bronce, pero también se encuentra plata en gran cantidad, el metal patrón del intercambio comercial en oriente y por el que fue especialmente conocido Tartessos. El oro y el hierro son así mismo explotados.
La extracción del cobre se realiza a cielo abierto usándose principalmente como utensilios de trabajo los denominados martillos de minero con surco para enmangue central. Los principales campamentos y poblados mineros dedicados a la extracción y fundición de cobre se encuentran en Huelva y Córdoba. Se utilizan hornos metalúrgicos para la reducción del mineral (malaquita) casi siempre a bocamina, lo que nos habla de una escasa especialización industrial pudiendo darse principalmente una explotación de carácter doméstico en inicio. A medida que la demanda de bronce tartesio fuese en aumento la actividad minera podría haber iniciado un incipiente proceso de industrialización promovido por las élites sociales, dado el carácter de bien de prestigio que tenía el bronce.
El estaño tartesio se encuentra en la baja Extremadura y Portugal. El mineral (casiterita) se añadía en ocasiones directamente al crisol donde se iba a realizar la liga del bronce, por lo que el proceso de obtención se simplifica. En ocasiones se encuentra también en el lecho de los ríos. Los tartesios poseían yacimientos de estaño en su territorio pero, como ya se ha mencionado, la gran demanda de este metal por parte de los pueblos orientales los llevó a iniciar un proceso comercial con la fachada atlántica hasta las ya mencionadas Islas Casitérides, nombre que significa estrictamente islas del estaño.
La plata es acaso el principal motivo de la colonización fenicia. Se encuentra en Huelva y en las estribaciones septentrionales del Guadalquivir (minas de Río Tinto, Aznalcóllar, Linares...) y su explotación se realiza principalmente a cielo abierto, aunque también es posible que se excavasen pozos y galerías siguiendo la veta del mineral. El proceso para su obtención de minerales complejos como la jarosita es aproximadamente el siguiente. El mineral se trituraba en morteros de piedra por un procedimiento giratorio más que de percusión. Después se mezclaba con cuarzo blanco que actuaba como fundente y favorecía el desprendimiento del plomo. La mezcla se coloca en un horno que es un hoyo en el suelo con las paredes recubiertas de arcilla. Allí se le añade carbón y sílice y se enciende atizando el fuego mediante un fuelle unido a una tobera. Cuando se funde la carga y se la deja enfriar se depositan en el fondo los minerales más pesados. Así se beneficiará principalmente la plata y no el cobre. El proceso puede hacerse más complejo para obtener plata con menor cantidad de impurezas mediante sucesivos procesos de copelación. En las minas del Arbat occidental palestino del siglo X antes de Cristo se utilizaba un método similar.
El hierro será el metal que desbanque al bronce en la siguiente época. La introducción de su trabajo es atribuida también a los fenicios ya que los primeros hallazgos arqueológicos de este metal se documentan en la necrópolis fenicia de Laurita (Almuñecar), y son del siglo VII antes de Cristo. Se utilizó principalmente para la fabricación de armas y objetos de prestigio ligados a las élites dominantes, pero en época tartesia no se extendió a la manufactura de utensilios agrícolas, para la construcción u otros usos domésticos.
El oro se benefició principalmente como subproducto de la obtención de plata a partir de los minerales complejos del Cinturón ibérico de Piritas, dado el alto contenido de este metal encontrado en algunas escorias onubenses. También se encuentra en los placeres aluviales de ríos como el Tajo mediante el bateo de las arenas. Así lo menciona Estrabón respecto a los Ártabros. Las mujeres solían ser las encargadas de estas tareas.
Artesanía.
Encontramos muy diversos oficios artesanales en el territorio tartésico a lo largo del Bronce Final que avanzan en tecnificación con la implantación de las colonias fenicias y el mercadeo griego. En lo que se refiere a la cerámica hay que atribuir a los fenicios la introducción del torno rápido de alfarero. Es de suponer que las primeras producciones a torno documentadas en el suroeste peninsular se deban a la actividad de los talleres fenicios, pero pronto fue adoptado por los artesanos locales, incluso es muy probable la convivencia entre ellos con lo que las técnicas se aprenderían de primera mano. La decoración manifiesta el influjo orientalizante a medida que avanzamos en el tiempo, aumentando también la calidad de las manufacturas gracias al uso de hornos más sofisticados capaces de alcanzar mayores temperaturas. Existe asimismo una producción especializada destinada al envasado de excedentes de productos agrícolas con vistas a su comercialización, principalmente en ánforas.
En cuanto a la metalurgia y metalistería destacan sobre todo los objetos de bronce que también se realizan en talleres locales antes de la colonización. Un producto muy relacionado con los fenicios es la fíbula, objeto similar a un imperdible aunque mucho más elaborado que se utilizaba para sujetar la ropa. El comercio de tejidos y de tintura de telas se relaciona asimismo con la llegada de los fenicios. A ellos se atribuye el descubrimiento de la púrpura, una tintura roja obtenida del molusco llamado murex que tuvo mucha fama en época antigua por su probada calidad y por su uso relacionado con ritos religiosos. Los vestidos venidos de oriente son la “moda” y su tenencia un signo de alcurnia. Junto a esta producción de fíbulas hay que señalar la fabricación de armas. Singular es la falcata, una espada de hoja ancha y curva muy característica de la península ibérica. Se datan también puñales, puntas de lanza y flecha, broches de cinturón, arreos de caballo... Las espadas de lengua de carpa proceden de la costa atlántica y otras con empuñadura de bronce fundido apuntan a Europa Central. No se conocen objetos de bronce destinados a las tareas agrícolas, como ya se ha señalado. Los artesanos del bronce constituyen en la primera época (Bronce Final) una clase social relacionada estrechamente con la nobleza. Sus productos son consumidos como bienes de prestigio y están solo al alcance de las élites. A medida que avanzamos en el tiempo se comienzan a datar nuevos objetos, como los característicos jarros piriformes derivados de prototipos chiprofenicios aunque la técnica de elaboración varia de unos a otros usando los tartesios el fundido en una sola pieza mientras que los pueblos orientales los fabrican a base de láminas o chapas de bronce. Esta especificidad técnica indígena se advierte también en piezas como las ciervas del British Museum o el león alado del J.P. Getty Museum, que se realizan por el método de fundición a la cera perdida, dando dos piezas que encajan entre si y que son ensambladas mediante remaches. Otros objetos muy peculiarmente tartésicos son los braserillos y thymiateria (quemaperfumes). El consumo social de los objetos de bronce se populariza en época orientalizante, a partir del siglo VII antes de Cristo, extendiéndose a muy diversas clases sociales y no solo a la nobleza. La producción se especializa y la convivencia de artesanos fenicios y locales lleva al intercambio de técnicas y a la creciente influencia iconográfica oriental en las artesanías tartesias (rosetas, palmetas de cuenco, toros pasantes, etc.). Este fenómeno también se da en la orfebrería donde encontramos joyas plenamente indígenas decoradas con motivos orientales. El método para trabajar el oro en Tartessos se desconoce, aunque se ha encontrado instrumental propio de este oficio, como matrices, punzones, balanzas, juegos ponderales, etc., en las cercanías de la Peña Negra de Crevillente, el santuario de Cancho Roano y el poblado de El Risco en Cáceres. En principio los artesanos orfebres están, como es de suponer, íntimamente ligados a las clases sociales más altas, directamente con la aristocracia y sus esferas rituales, como parecen indicar los tesoros de El Carambolo y La Aliseda. Avanzando el tiempo, como se indicó para otros oficios, la profesión se especializa y comienza a ofrecer productos más populares, como los colgantes amorcillados (nazm) de El Acebuchal. Los artesanos orientales aportan ciertas técnicas que aprovechan los indígenas, como el granulado, la filigrana o la soldadura, cosa que solo es posible gracias a una estrecha relación entre el maestro y su aprendiz. No obstante, la tradición indígena sobrevive en cierto modo al influjo colonial, como se aprecia en joyas de gran tamaño, prácticamente ausentes en la orfebrería fenicia.
Otros productos localizados son de marfil, material que no existe en la península así que se debe a importaciones del Norte de África o el Mediterráneo Oriental. Es una producción también dedicada casi exclusivamente a la aristocracia en primera instancia y que se democratiza a lo largo del tiempo.
El comercio
En el periodo del Bronce Final el comercio tartesio se concentra en la fachada atlántica oscilando ostensiblemente hacia el Mediterráneo con la llegada e implantación fenicia y griega. Los principales productos ofrecidos por el suroeste peninsular tanto al mundo atlántico como al mediterráneo son metales: cobre, estaño, plata y oro principalmente. Aunque también hay que considerar el comercio de esclavos, principalmente mujeres. Las comunidades atlánticas son demandantes de cobre y el oriente de estaño y plata.
Durante el Bronce Final el comercio es controlado por la elite social. Solo ellos podían movilizar la mano de obra necesaria para la extracción masiva de mineral y disponer de los medios de transporte y las influencias necesarias para transponer fronteras. El comercio se trataba pues de un monopolio aristocrático. Estos intercambios tienen un carácter social más que económico en los primeros años, consistente en el establecimiento de hermandades y lazos de cooperación entre personas ó clanes. Avanzando en el periodo orientalizante las transacciones comerciales van adquiriendo una naturaleza verdaderamente económica en busca de beneficios materiales.
El uso de sistemas estandarizados de peso ya se observa en el Bronce Final, como parece deducirse de ciertos brazaletes y torques de oro que parecen basarse en el patrón ponderal del siclo microasiático de 11,75 gramos. Algunas estelas de la época muestran series de puntos que son interpretadas como anotaciones comerciales de medidas y cantidades. Esto refuerza el surgimiento del comercio como actividad puramente económica ya que el hecho de medir supone una búsqueda de equidad entre lo que se intercambia.
Durante la época orientalizante el producto esencial de comercio es la plata y el vector comercial se centra ya en el Mediterráneo. La riqueza de Tartessos es valorada y convertida en leyenda por griegos y fenicios en función de su enorme riqueza en este metal. La importancia del estaño es también principal, pues su escasez en el oriente fenicio es patente. Puede que los fenicios intentasen puentear a los tartesios en el comercio del estaño como demuestran sus asentamientos en la costa portuguesa (Abul), tratando de eliminar un intermediario para acceder directamente a las fuentes del este metal. Esto pudo desencadenar también en época tardía el intento de estrechar relaciones entre Argantonio y los comerciantes griegos, en una estrategia de búsqueda de competencia y nueva clientela por parte tartesia.
No obstante, es la plata como ya se ha dicho el metal que centra el comercio tartesio. La producción se conducía desde las minas a los puertos siguiendo dos rutas principales. La primera discurría desde las minas de Río Tinto hasta Onuba (Huelva). Otra caminaba desde las minas de Aznalcóllar llegando hasta orillas del Lago Ligustino y desde allí a Gadir. La primera de las rutas parece controlada por los tartesios mientras que la segunda podría ser de dominio fenicio. La aristocracia tartesia se ocuparía de organizar tanto del trabajo en las minas como la transformación del mineral y el transporte del metal resultante, lo que implica una importante infraestructura de obreros, caminos terrestres, barcos para travesías fluviales, etc. Los nobles indígenas hacen una gran inversión en este negocio que solo será rentable en función de unos beneficios enormes, tanto económicos como de prestigio y consolidación en su esfera social. Los sistemas de peso estandarizado se basan ahora en el siclo fenicio. Para entender esta medida diremos que un talento de plata equivaldría aproximadamente a 30 kg. Cada talento tenía 50 minas y cada mina, 50 siclos. Un siclo de plata equivalía a 200 siclos de cobre y a 227 siclos de estaño. Un siclo de oro equivaldría a 4 siclos de plata.
La contrapartida fenicia son objetos de prestigio, lujosos o relacionados con el ámbito de lo sagrado y regio, además de otros de valor marcadamente ideológico que servían para extender el influjo sociocultural de los colonos en las emergentes aristocracias indígenas.
No olvidemos que el consumidor último de la plata tartesia era el imperio asirio que mantuvo a las ciudades fenicias bajo un férreo control durante la primera mitad del primer milenio antes de Cristo. De ahí que a partir del siglo VIII antes de Cristo se produzca un importante crecimiento en la explotación de la plata de Río Tinto, coincidiendo con el empobrecimiento de las arcas asirias al no poder acceder a la plata anatólica en posesión de la alianza de arameos y urarteos. Este complejo entramado de relaciones comerciales caracteriza la época tartesia.
7.- Política y Sociedad.
La organización social y política en el Bronce Final.
En el Bronce Final el suroeste peninsular se estructura políticamente en grupos de parentesco cuya unión formaba sociedades de tipo tribal. El poder se ejerce principalmente por la violencia, manda el guerrero, el que posee y controla las armas. Se trata de sociedades preurbanas, organizadas por clases de edad y posiblemente con ritos iniciáticos para el paso de la edad juvenil a la madurez, como sugiere el mito de Habis. Otra base del poder político en esta época será el control de los metales y su intercambio, como sugieren las estelas de guerrero encontradas. El intercambio de metales provee de la materia prima para la fabricación de armas y adornos, las primeras necesarias para conseguir el ingreso económico procedente de los botines y los segundos como elementos de prestigio. Este sistema es muy inestable, como se puede imaginar, pues depende en gran medida de factores ajenos a las propias poblaciones que estas no pueden controlar, como la propia guerra y la disponibilidad de metales y agentes de intercambio. Parece necesario un medio más estable que permita ejercer el poder de forma consolidada en el tiempo. Este factor podría ser, como sugiere el mito de Gerión, la posesión de ganado, en especial el vacuno, básico para el abonado y la realización de labores agrícolas. Así, el ganado, más que la posesión de la tierra que en la época sería aún de explotación comunal, identificaría a los jefes de los clanes, permitiéndoles una acumulación de riqueza en la que basar su poder de intercambio, para adquirir armas y acumular hombres como mano de obra o apoyo militar en su caso. La cohesión ideológica de estos grupos de parentesco la daba el culto a los antepasados, espíritus que median entre el grupo humano y lo sobrenatural. Así aparece la figura del paterfamilias o encargado de realizar el culto a los antepasados, como entidad religiosa principal y cuyo poder de intermediación con lo sobrenatural le otorga del mismo modo la legitimación ideológica para ejercer el poder social, es decir, una especie de rey o jefe sacro que habitará palacios que serán también templos.
La Monarquía Orientalizante. Argantonio.
La llegada de los fenicios tendrá consecuencias de profundo calado en la organización social y política de la zona. La aceleración y el aumento de los intercambios provee de mayores ingresos económicos a la zona que sufre un fuerte desarrollo demográfico. Así, a finales del siglo VIII antes de Cristo los restos arqueológicos ya dibujan un habitatplenamente urbano con poblados amurallados y arquitectura de prestigio, en el que se instala una sociedad estratificada con una monarquía y una aristocracia hereditarias. El mito de Gárgoris y Habis y las fuentes históricas ya nos hablan de leyes y de la existencia de una nobleza libre del trabajo servil. El paradigma de esta nueva forma de gobierno será el rey Argantonio que Herodoto describe como un monarca con características similares a los reyes déspotas y sacralizados de origen oriental o los tiranos griegos, es decir, un rey con capacidad absoluta de decisión sobre cualquier asunto que atañe a sus dominios, como demuestra el ofrecimiento a los focenses para instalarse en sus territorios, e investido de un poder sagrado. El nombre Argantonio viene a significar “Hombre de la Plata” y se especula acerca de si esta denominación atañe a un solo monarca o tal vez a una dinastía, los Argantonios u hombres de la plata, que gobernasen el territorio tartesio en el periodo final de su historia.
Las leyes, la organización del pueblo en clases sociales, el urbanismo y la compartimentación del reino reflejan el nacimiento del estado como organización política que trasciende al clan o tribu. Nos encontramos poblados amurallados con 42 hectáreas de superficie, como Mesas de Asta. Con similares características los centros urbanos se distribuyen a lo largo de la vega del Guadalquivir, en las hoyas intrabéticas, sur de Extremadura, sur de la Mancha, desembocaduras del Sado y el Tajo e incluso en las costas levantinas. Se genera así una red de ciudades-estado íntimamente relacionadas por los intercambios de materias primas y otras íntimamente relacionadas por los intercambios y el tránsito de materias primas y otras mercancías hacia los puertos de Huelva y Cádiz. Se debieron establecer dinámicas del tipo centro-periferia con un mayor desarrollo de los núcleos urbanos más cercanos a los centros neurálgicos (explotaciones mineras y principales colonias fenicias).
Es ahora cuando surge la propiedad privada de la tierra. El desarrollo de sectores dedicados a la producción de bienes de servicio y no de subsistencia precisa una mayor producción de excedentes agrícolas que controlarán las élites sociales que organizan esta administración estatal. Esta acumulación de reservas alimenticias provocará un importante aumento de la población. La aristocracia ocuparía las tierras comunales para explotarlas incrementando sus bienes patrimoniales y sus beneficios económicos que se dedicarían principalmente a la financiación de las actividades mineras y al mantenimiento del creciente comercio con las colonias fenicias. Junto a los nobles aparecen otros propietarios menores a causa de la colonización agrícola de nuevas tierras, estableciéndose así una clara estratificación social en función de la extensión de la propiedad y el volumen de su producción. Se establecen asimismo relaciones de clientelismo ya que la aristocracia atraerá a aquellos individuos incapaces de producir lo necesario para el mantenimiento de sus familias generando un estrato social de servidumbre e incluso de esclavitud.
El modelo ideológico que sustenta este entramado social se importa de las monarquías fenicias. El rey es el representante del pueblo ante los dioses convirtiéndose en una especie de paterfamilias de toda la comunidad. Se mantiene el culto a los antepasados como muestran la iconografía de los pithoi decorados con motivos orientalizantes del santuario de Carmona vinculados a un ciclo de vida-muerte-resurrección en una sucesión de flores de loto abiertas y cerradas. La presencia de ocre en el interior de los pithoi se asocia a rituales funerarios con un significado de principio de la vida. La iconografía en frisos de toros pasantes, esfinges y grifos parece asociada con la monarquía, en los últimos casos reflejando una visión cosmogónica de fuerzas representativas del bien y el mal en continua lucha. El rey adquiere así un papel sacerdotal rodeándose de objetos orientales de significado ritual y sacro (thymiatheria, jarros piriformes, recipientes rituales con asas de manos, mobiliario de marfil y bronce, joyería orientalizante e importada...).
El rey viviría en una construcción palacial y sacra rodeado del boato propio de su linaje. Como muestra principal de ello se ha propuesto el santuario de Cancho Roano que funcionó desde finales del siglo VII hasta finales del siglo V antes de Cristo. Este edificio monumental aparece separado de cualquier núcleo urbano, pero ello no descarta que los palacios reales se hallasen principalmente en las ciudades, en la zona más alta, como evidencias otras estructuras excavadas. Se trataría de estructuras en las que además del rey residiría su corte y una serie de funcionarios y artesanos a su servicio.
No obstante, el poder del monarca debía ser ciertamente inestable. Los demás linajes aristocráticos participarán en tan gran medida en el proceso de apropiación de tierras y riquezas que en ocasiones su poder se podrá comparar con el real. El rey adoptará para revestirse de legitimidad una ideología oriental centrada en modas y conocimientos exóticos por foráneos que elevarán su prestigio con respecto al resto de la nobleza. Sin embargo las principales familias aristocráticas estarán también en disposición de acceder a este mundo de nuevos modos, lo que llevará al establecimiento de pactos dinásticos entre familias sobre todo de cara a la distribución de las riquezas derivadas del comercio con los colonos. Habrá facciones enfrentadas, tensiones palaciegas y todo tipo de espionaje y alianzas para alcanzar el poder. En ello acaso se encuentre el germen de la desaparición de la monarquía o el imperio tartesio.
Puede que la relación con el mundo griego trajese también formas de gobierno más “democráticas”, con una mayor participación de la población libre en detrimento de la aristocracia, como las tiranías griegas. Acaso Argantonio adoptó estas formas de gobierno en un intento de desembarazarse de la presión que los régulos regionales y los nobles. De ahí su histórica simpatía por los griegos. De manera que de la monarquía sacra fenicia se pasaría al rey heroico griego. El mismo proceso parece desarrollarse en Gadir y Cartago tras la caída de Tiro en manos de los babilonios, pasando de la dependencia de la metrópolis a una forma de organización más cercana a las polis griegas, es decir, la ciudad-estado.
8.-Arquitectura y Urbanismo.
El proceso hacia la sociedad urbana.
Durante el Bronce Final no se puede hablar de un urbanismo plenamente consolidado, su arquitectura es precaria y nos hablan de poblaciones sin consolidación en el territorio.
A comienzos de la época orientalizante aparecen ya casas de planta cuadrada que se ordenan formando calles y manzanas. Comienzan a documentarse zócalos de piedra como base para erigir los muros de adobe y tapial de las cabañas, lo que refleja ya un mayor apego al territorio. A medida que avanzamos en el tiempo con el desarrollo demográfico y la concentración poblacional se hace necesario el establecimiento de sistemas de ordenación racional de los hábitats y a finales del siglo VIII antes de cristo vemos como los núcleos urbanos se consolidan plenamente. La adopción de casas de planta rectangular y la construcción de murallas de doble lienzo y muro exterior ataludado reflejan el final del progresivo proceso de urbanización.
A partir del año 700 antes de Cristo se empiezan a documentar potentes murallas, templos y palacios en numerosos hábitats tartésicos. Estos elementos se extienden por una amplia geografía. Se encuentran en Tejada la Vieja, cerca de la costa; en Puente Tablas, Guadalquivir arriba; en El Carambolo y Coria del Río, es decir, en la antigua desembocadura del Guadalquivir; ó en Cástulo, 300 Kilómetros al interior. Parece pues que las ciudades tartesias están perfectamente interrelacionadas, mostrando rasgos estructurales y culturales parecidos, lo que parece apuntar de nuevo a un estado poderoso y centralizado, con una gran capacidad de influencia a larga distancia.
El Carambolo, un poblado tartesio.
El poblado de El Carambolo fue excavado por Carriazo a finales de los años cincuenta (1958). Su propio descubridor nos dice que no debe ser confundido con la ciudad de Tartessos. Se trata de una estructura laberíntica sin calles definidas y con habitaciones de planta rectangular, con muros de piedra y sin vestigios de murallas. Se han encontrado desde hachas neolíticas hasta fíbulas (lo que hoy llamaríamos imperdibles, pero mucho más elaborados) y broches de bronce. La gran cantidad de restos de cerámica muestra muy diversas variedades que parecen obedecer a la evolución de la industria del lugar, es decir, se trata de productos elaborados por indígenas y no por colonos. Se han rescatado así mismo restos que evocan el tipo de vida que llevaban sus habitantes: molinos de piedra, anzuelos, agujas de hueso, conchas, restos óseos de ganado bovino, porcino y ovino principalmente, junto a algún cérvido, gallinas y otras aves en menor medida. En la ladera del cerro del Carambolo se excavó una cabaña oval bastante grande en la que se encontraron restos similares a los del poblado junto a un tesoro formado por veintiuna grandes piezas de oro sin duda propiedad de algún regio personaje, acaso el propio monarca tartesio. Este tesoro se halla expuesto en el Museo Arqueológico de Sevilla.
9.- Arte y Cultura.
Originalidad de la Cultura Tartésica.
Posiblemente los reyes mitológicos de Tartessos, sus tradiciones, su legislación y su religión sean en gran medida patrimonio de las viejas poblaciones instaladas en el sur peninsular desde el III milenio antes de Cristo, pero fue en época tartésica cuando todo ello se puso por escrito, por fenicios, griegos y por los propios tartesios. Según el profesor Carriazo la cultura de Tartessos mantiene una extraordinaria riqueza y complejidad, con un imponente repertorio de elementos, materiales y técnicas. Su origen es principalmente autóctono, pues tal variedad no puede ser fruto tan solo del influjo de los colonos orientales sino más bien de una fértil cultura indígena. A pesar de la disparidad de manifestaciones y objetos, todos los hallazgos responden a gustos, estímulos, preferencias y necesidades propias de la tierra, adecuadas perfectamente al ambiente, lugar y tiempo.
La escritura tartésica.
Los tartesios conocieron la escritura. Ya dice Estrabón, refiriéndose a los turdetanos, inmediatos sucesores cronológicos de los tartesios, que “tienen escrituras y escritos históricos en prosa y poesía y leyes en forma métrica que según se dice datan de seis mil años”. En efecto se han encontrado grafitos en cerámica bastante antiguos y estelas mucho más modernas. El sistema de escritura es semisilábico y los signos utilizados parecen tener vinculaciones con la escritura fenicia y acaso, aunque menos probablemente, con la griega. Lo cierto es que hoy por hoy la escritura tartesia resulta indescifrable para los filólogos que siguen empeñados en desentrañar su código, lo que nos reportaría una información fundamental sin lugar a dudas. No obstante, podemos deducir que el tartesio era un estado avanzado, es decir, evolucionado a niveles sociales y políticos, pues la escritura suele aparecer cuando una sociedad se encuentra en el umbral de la vida urbana con los requerimientos administrativos que ello conlleva.
Joyas y tesoros.
La arqueología a descubierto una buena cantidad de objetos artísticos de gran valor histórico y material que nos hablan de una sociedad desarrollada y rica. El Tesoro de El Carambolo (del que hablaremos en particular), el de Ebora en Sanlúcar de Barrameda, el de La Aliseda en Cáceres ó los candelabros de Lebrija componen un mosaico de piezas de gran suntuosidad y finísimo acabado, objetos acaso reservados a las élites sociales tartesias. Se encuentran también entre los ajuares de las más ricas tumbas tartésicas piezas de marfil, jarros y fuentes de bronce y otros muchos restos de lujosa manufactura. Son ejemplo de ello las necrópolis de La Joya en Huelva, Cástulo en Jaén ó las excavadas en el entorno de Carmona. En ellas se revela que los objetos mencionados son tanto importaciones de Oriente como producciones locales, es decir, algunos son traídos por los mercaderes fenicios principalmente, otros son confeccionados en los talleres fenicios que existen en territorio tartesio y otros son realizados por artesanos tartesios que en muchas ocasiones utilizan técnicas orientales al servicio de la propia imaginería indígena. Todo ello conforma el ambiente cultural que se ha dado en llamar “orientalizante”
10.-Religión.
La Religión en el Bronce Final.
Poco podemos decir acerca de las creencias religiosas en esta época y en territorio tartesio. Contamos tan solo con las evidencias proporcionadas por las estelas, la deposición de armas y otros objetos en las aguas y las llamadas cabañas-santuario.
Las primeras parecen corresponder a un culto heroico antecedente al culto a los antepasados regios del periodo orientalizante. Las segundas pueden estar en relación con una visión mitológica del agua como medio de tránsito al Mas Allá. Las cabañas en las que se habría desarrollado algún ritualse pueden interpretar como santuarios de algún grupo gentilicio de parentesco aún no vinculado a la monarquía orientalizante.
La creencia en ciertos dioses existe sin duda antes de la llegada de los colonos fenicios, pues en posteriores épocas se adoptarán las iconografías de divinidades orientales para emular las locales, cuyas funciones podemos deducir de los dioses fenicios con los que se sincretizan.
La Religión en época colonial.
De época colonial se conocen un número importante de santuarios, entre los que podemos destacar el Carambolo Bajo, Coria del Río, La Algaida, Carmona, Montemolín, Cástulo ó Cancho Roano. En ellos se han documentado altares con forma de piel de toro, figurillas de dioses y exvotos, jarros y braserillos y otros recipientes para libaciones, thymiateria y restos de perfumes, asadores y restos de huesos de animales (principalmente bóvidos) que posiblemente fuesen comidos en actos rituales. Todo ello nos muestra un conjunto de elementos litúrgicos muy amplio y variado, es decir, una Religión con gran carga ritual y cuyos sacerdotes parecen ostentar un amplio poder social.
Los templos urbanos, como los de Coria del Río, Carmona ó Montemolín, parecen estar vinculados a complejos palaciales situados en las acrópolis de las ciudades, por lo que tendrán un significado tanto religioso como político. Los que se sitúan fuera de las urbes, como El Carambolo o Cancho Roano, pueden tener relación con el arcaico culto a los antepasados y estar por tanto en la zona que ocupase el grupo gentilicio que los erigiese en origen. También podrían estar relacionados con el comercio. Finalmente parece que ciertos santuarios, como los de La Algaida y Cástulo, tienen un carácter empórico o asociado a la navegación, fluvial en el caso de Cástulo, claro. Esta diversidad de papeles jugados por los templos nos habla de una Religión con fuerte influencia en los terrenos social, político y económico, es decir, entroncada en el cuerpo dirigente de la comunidad.
Las divinidades de la época parecen proceder de la adopción de la iconografía oriental por parte de la sociedad indígena. Así representan a sus mitos y dioses con las imágenes orientales que están mejor asociadas a las características y funciones de las divinidades tartésicas. Las estatuillas de bronce de influencia oriental, por ejemplo, parecen jugar su papel en el culto a los antepasados regios otorgándoles el prestigio de los dioses foráneos. Así se puede pensar en la asimilación entre los dioses fenicios Baal, Melkart (Hércules) ó Astarté con otros tartésicos de similares funciones ya los que puedan prestar también alguna de sus características originales en un proceso de asimilación-sincretización.
Los objetos de culto reflejan este mismo proceso. Los “candelabros” de Lebrija imitan los thymiateria orientales y buena parte del tesoro del Carambolo copia sus técnicas de orfebrería (filigrana, granulado) y los motivos decorativos (rosetas).
Los santuarios son construidos con técnicas arquitectónicas foráneas y los mitos que reflejan la iconografía impresa en ciertos objetos nos traen también los ecos de oriente. Por ejemplo, en el cinturón del tesoro de La Aliseda y en una de las placas de marfil de Berracón se representa a un personaje masculino luchando con un león. Esta escena parece referirse a uno de los famosos trabajos de Hércules, asimilado al Melqart fenicio.
Del mundo funerario cabe destacar que muchas necrópolis tartésicas aparecen separadas de los poblados por cauces de agua estacionales, de ahí la interpretación del significado del agua como medio de tránsito al Más Allá. En época orientalizante se generaliza el rito de la cremación sin desbancar por completo a las viejas creencias del Bronce Final.
El ocaso de Tartessos
Durante muchos siglos, durante milenios se seguirá hablando de los tartesios, pero a partir del siglo V antes de Cristo nadie se refiere a Tartessos como reino y ningún historiador sabrá decirnos con seguridad que sucedió para que dejase de existir. Schulten especulaba con un violento final en relación con la batalla de Alalia (535 antes de Cristo) y la destrucción de la mítica ciudad por los cartagineses. Otros son menos dramáticos y atribuyen la desaparición de Tartessos al progresivo control que los fenicios fueron adquiriendo sobre la industria y el comercio de la zona.
No obstante, algunos datos no descartan un final traumático. Desde fines del siglo VI antes de Cristo se aprecia un progresivo declive. Huelva reduce el perímetro de su población abandonando el Cabezo de la Esperanza. El Carambolo desaparece o es abandonado tan precipitadamenteque quienes ocultaron en él su tesoro no tuvieron tiempo de volver a buscarlo. Un grandioso conjunto escultórico en las cercanías de Porcuna (Jaén) fue destruido completamente al poco de ser erigido. Cerca, en La Guardia de Jaén, los leones de piedra que guardaban las tumbas de una necrópolis son destrozados y sus pedazos servirán poco después para construir otras tumbas, como simples piedras. Algo semejante ocurre en el santuario de El Cigarrejo (Murcia), donde se encuentran preciosos exvotos de estatuillas de hombres y caballos. Pareciese que un furor sin límites ni respeto por lo más sagrado recorre el sur peninsular. Schulten dice: “Después de la batalla de Alalia, hubo de entablarse una lucha a muerte entre Tartessos y Cartago. Los cartagineses llegarían a España, como posteriormente a Sicilia, no sólo en actitud de competidores comerciales, como los tirios, sino en plan de conquistadores. De la misma manera que más tarde arrasaron las ciudades griegas de Sicilia, desde el principio debieron proponerse la conquista del imperio de Tartessos y su destrucción.”
Sin embargo, en el tratado Romano-Cartaginés del 509 antes de Cristo, Cartago no se atribuye ningún dominio sobre las tierras peninsulares, ni las menciona, cosa que si hará dos siglos más tarde.
La arqueología nos demuestra que las colonias fenicias resistieron esta época yno solo eso, se hicieron dueñas de los mercados. Puede que los semitas, siguiendo una histórica tradición (Accad, año 2300 antes de Cristo), no necesitasen entablar ninguna guerra a gran escala para asumir el poder en un país en que se hallaban en minoría.
También se ha especulado, en claro paralelismo con el mito de La Atlántida, con un final ocasionado por una gran catástrofe natural. Un terremoto u otra causa. La zona central del reino tartesio era geológicamente inestable y la desembocadura del Guadalquivir nos puede hacer pensar en una súbita e imprevista crecida que lo arrasaría todo, provocada acaso por el taponamiento de algún brazo y la posterior destrucción del dique natural por la fuerza del agua.
La muerte de Tartessos encierra, como tantas leyendas que han hecho soñar a lo hombres a lo largo de los tiempos, el mismo misterio que su nacimiento.
DIRECCIONES DE INTERNET Y BIBLIOGRAFÍA.
En las siguientes direcciones y libros podemos ampliar información acerca de Tartessos. De algunas de ellas hemos tomado textos y referencias para la sección "introducción histórica" de esta web. Quede constancia y vaya por delante nuestro agradecimiento. No obstante si alguien se siente plagiado en algún texto sólo tiene que hacérnoslo saber y se suprimirá.
- "Tartessos, tres mil años de enigma". Jorge Alonso. Editorial Genil, Granada, 1983
- "Desciframiento de la lengua iberico-tartessica".Fundación Tartesos S.L. Barcelona, 1996.
- "El templo de Melkart", Gonzalo Millán del Pozo. Imagine Ediciones. Madrid, 2001.
-"Cuadernos Historia 16, nº 40". Blanco, Antonio y Blázquez José María, Tartessos Ed. Información y Revistas S.A., Madrid 1985.
-"Historia de España Ilustrada" .Regla, Juan.. Ed. Ramón Sopena S.A., Barcelona 1968
-"Ideología Y poder en tartessos y el mundo ibérico". Almagro Gorbea, M. Madrid, 1996.
-"Tartessos y los orígenes de la colonización fenicia en Occidente" Blázquez, J. M. Salamanca, 1975.
-"Tartessos. La ciudad sin historia" Maluquer, J. Barcelona, 1970.
- "Sociedad y mundo funerario en tartessos " Torres Ortiz, M. Madrid, 1999.
-"Reflexiones sobre los escudos de las estelas tartésicas",Boletín de la Asociación Española de Amigos de la Arqueología, 23 Bendala Galán, M. 1987, pp. 11-17.
-" Historia de España Ilustrada", Regla, J. 1968, Barcelona, Ed. Ramón Sopena.
- "Notas sobre las estelas decoradas del Suroeste y los orígenes de tartessos", Bendala Galán, M. 1977, en Habis 8, pp. 321-330.
- "Tartessos", Bendala Galán, M. 1985 en Historia General de España y América, Madrid, Rialp, pp. 595-642.
- "Los enigmas de tartessos "Alvar, J. y Blázquez, J. M. Eds. 1993, Madrid, Cátedra.
- "Tartessos y El Carambolo " Carriazo, J. de M.1973, Madrid.
- "Tartessos" Maluquer de Motes, J. 1979, Barcelona, Destinolibro.
- "Tiro y las colonias fenicias de Occidente "Aubet, Mª E. 1994:. Crítica. Barcelona.
- "Ideología y poder en Tartessos y el mundo ibérico "Almagro, M., Madrid. 1996
- "El hombre de la plata". Arsenal, León. Valdemar 2000
DIRECCIONES DE INTERNET
http://www.arrakis.es/~jmra/historia.htm
http://argantonio.elsendero.es/riqueza/076a.html
http://perso.wanadoo.es/emilio10/tartessos.htm
http://www.arrakis.es/~pepeluis/schulten.htm
http://ctv.es/tarso/HistoriaH.html
http://utopiaverde.org/historia/historia-antigua/tartessos/home.html
http://www.isocanda.org/adn/0597doc.htm
http://www.proel.org/alfabetos/tartesio.html
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